Carreteras sinuosas y conflictos étnicos (11/07/2012) Paraguay

Se dice que el nombre de Paraguay significa “agua que fluye hacia el mar”. El término proviene del guaraní e indica las dos secciones de la tierra y el río que fluye entre ellas, dividiendo en dos al país más pequeño de Sudamérica. Paraguay es tan grande como la combinación de Alemania y Suiza pero tiene solamente 6,3 millones de habitantes.

Monseñor Lucio ALFERT llegó a Paraguay en 1972. Miembro de los Oblatos de María Inmaculada, nació en 1941 en Heek, Alemania, cerca de la frontera holandesa. Desde 1986 ha sido obispo de Pilcomayo, en el noreste del país, un vicariato apostólico, que se extiende por aproximadamente unos 650 kilómetros e incluye solo seis parroquias. La mitad de los habitantes del área son católicos, esparcidos en un inmenso territorio sin ninguna ciudad ni distancia grande para cubrir. Hay sólo una carretera pavimentada: el resto de las carreteras son todas de tierra que se convierten en lodazales intransitables en los días de lluvia. Hay transporte público que pasa únicamente por las carreteras.

Sin embargo, no son las carreteras sinuosas lo que preocupa a Monseñor Alfert, sino los conflictos sociales y étnicos de la región. Desde 1927, los menonitas de habla alemana han comenzado a moverse dentro del Gran Chaco desde Canadá y luego desde Rusia, cultivando la tierra. Durante muchas décadas, la comunidad protestante ha determinado el destino de la región, carente de cualquier infraestructura, mientras mantenía una influencia considerable que sigue aún al día de hoy.

Al igual que en otras áreas de Paraguay, también en el Gran Chaco, la población indígena, los guaraníes, fue derrocado y exiliado. Desde entonces, la situación jurídica de los indígenas ha mejorado, pero las tensiones sociales no se han superado por completo. Ahora los menonitas son también mucho más abiertos hacia la iglesia católica.

“Los indígenas deberían poder desempeñar un rol activo en la sociedad”, dice Monseñor Alfert, “y ellos desean contribuir más que con simple folclore”. Dos de los cuatro sacerdotes del vicariato de Pilcomayo son ellos mismos indígenas, los primeros sacerdotes guaraní del país. Hay otros seis sacerdotes que pertenecen a diferentes órdenes religiosas y ocho seminaristas, uno de los cuales pertenece a la etnia Nivaclé. El vicariato no tiene su propio seminario, y por lo tanto, la formación de los futuros sacerdotes se realiza en el Seminario Nacional que tiene dos lugares: el primer nivel de estudios se desarrolla en Caacupé y los últimos años en Asunción. El costo por estudiante es de aproximadamente unos 200 euros.

Para ayudar a encontrar fondos para la formación de los sacerdotes y una buena variedad de otros proyectos pastorales, el vicariato depende totalmente de la ayuda externa; en los últimos AIS (Aiuto alla Chiesa che soffre – Ayuda para la iglesia que sufre) ha financiado diferentes proyectos incluyendo la construcción de la parroquia de San Eugenio de Mazenod y la publicación de 10 mil biblias para niños, traducidas al Nivaclé.

Un proyecto que está además esperando la aprobación es el que se basa en la construcción de algunos edificios para ser usados como espacios para el ministerio o para albergar las oficinas del vicariato de Pilcomayo. En este momento, Monseñor Alfert no tiene ni siquiera su propia casa, aunque vive en una habitación en una de las casas de la congregación. Para llegar a su oficina – situada en el medio de un campamento militar – tiene que realizar un largo viaje en coche todos los días. (www.acs-italia.org)

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