Con alegría y acción de gracias Carta del Padre General para el 17 de febrero de 2012


¡Feliz fiesta!

Este año celebramos 186 años desde que el Papa León XII aprobara nuestras Constituciones y Reglas. Celebramos esta gracia con gran alegría, acción de gracias y espíritu fraterno entre nosotros. El Fundador veía las Constituciones y Reglas como aquello que unía a los oblatos en una sociedad en la que hemos de ser misioneros santos y estar consagrados a la salvación de los pobres de Dios. Lo vemos expresado en el Prefacio a las CC. y RR.

En el Prefacio, me impactan las siguientes dos dimensiones de nuestra vocación. Antes que nada, hay la viva expresión de lo que ardía en el corazón misionero de San Eugenio: la urgente necesidad de evangelizar, de predicar el Evangelio y de reavivar la fe. El llegó con medios nuevos y audaces a aquellos que habían perdido la fe y que se encontraban desatendidos por el clero de la época. Este joven misionero estaba ocupado en alcanzar a aquéllos a quienes no llegaban las estructuras parroquiales. Tenía presente a los que eran pasados por alto y a aquellos cuya fe estaba pereciendo. Buscaba medios para hablarles en su lengua y para congregarles. Se encontraba con ellos en su propio ambiente y les llevaba la Palabra. Deseaba ponerles en contacto con la Iglesia y reavivar su fe para que llegaran a conocer a Jesús y se hicieran discípulos suyos.

En el Capítulo de 2010, el llamamiento que se nos hizo a la Conversión en el campo de la Misión nos interroga sobre si simplemente nos quedamos satisfechos con lo que ya estamos haciendo y si sencillamente cuidamos de aquéllos que ya son creyentes. Se nos invita a sentirnos incómodos y a cuestionarnos sobre nosotros mismos. ¿Estamos buscando llevar a Jesús a aquéllos que se están perdiendo su Buena Nueva y trabajar con ellos de forma creativa?. Como misioneros, nuestra vocación no es contentarnos con hacer un buen trabajo pastoral con la gente que acude a nosotros. Como Eugenio, movido por el amor a Cristo y a la Iglesia, estamos llamados a percibir a aquellos a los que no llegan las estructuras pastorales, a aquellos que están al margen y aquellos que sufren la pobreza en sus múltiples aspectos. Los buscamos y les transmitimos el Evangelio en su lengua para que la gracia de Dios los atraiga a su Hijo y a la Iglesia.

La otra dimensión que aparece con fuerza en el Prefacio es la santidad de los misioneros que habrán de ser los que prediquen la Buena Nueva. Para cumplir la gran misión que tienen ante sí, los misioneros han de ser auténticos discípulos de Jesucristo y ser transformados por la Palabra que predican. El llamamiento a la conversión es un compromiso de entregarnos al proceso transformador de la gracia de Dios de una forma permanente y disciplinada. En el transcurso de toda una vida, el Espíritu nos moldeará en auténtica imagen y semejanza de Dios. ¿Qué significa para nosotros hoy la santidad? ¿Cómo estamos viviendo el mandato del Fundador: “Deberán trabajar por ser santos”?

Nuestras CC. y RR. nos guían en la comprensión de nuestra santidad oblata, un camino para toda la vida de adentrarnos en Jesús Salvador. La oración, individual y comunitaria, una vida fundada en los sacramentos y la Palabra de Dios, la vida comunitaria apostólica, la relación con María, la vivencia total de nuestros cuatro votos y cualidades tales como la generosidad, la alegría, la humildad, el perdón y la hospitalidad son esenciales para nuestro crecimiento en santidad que aparece en nuestras CC. y RR. Parte, también, de nuestra santidad oblata expresada en nuestras CC. y RR. son la compasión, la solidaridad con los pobres, la búsqueda de la justicia, la capacidad de diálogo, respeto mutuo y responsabilidad, una vida sencilla que respete el medio ambiente. Volvamos a nuestras CC. y RR. para ahondar en este sentido de santidad vivido en la relación con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos y con la ceación. ¿Tienen ustedes una copia a mano?

Este 17 de febrero pidamos la gracia de renovar nuestra visión misionera y nuestra sed de santidad. Juntos demos gracias por la Congregación y celebremos este día renovando nuestro compromiso de ser Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Les invito a tomarse algo de tiempo juntos para compartir los “signos de vida” que vemos en la Congregación.

Su hermano oblato en Jesucristo y María Inmaculada,


Padre Louis Lougen, OMI
Superior General

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